IMPACTANTE! Familia de traficantes sexuales se convierte a cristo en prisión y piden perdón a las víctimas

Revista Logos,(Revistalogos.com).- Después de pasar 25 años presos, dos hermanos y su madre cuentan el testimonio de su transformación a través del perdón de Jesucristo.
Mario Garfias no pensaba dos veces cuando usaba su bastón de béisbol para golpear a las mujeres y adolescentes que él usaba como prostitutas en el distrito de la Luz Roja en La Merced, en México.

Junto con su hermano menor, Enrique y su madre, Esperanza, fue Garfias distribuidor sexual . Por casi ocho años, el trío aterrorizó a mujeres y niñas, vistas por ellos como simples “mercancías”.

Los tres traficantes tuvieron un pasado marcado por la pobreza y el abuso sexual, pero acabaron convirtiéndose en abusadores. “Obviamente no me justifiqué por eso, pero crecí pensando que la violencia era normal. Así fue como fui criado “, dijo Garfias.

En la adolescencia, Garfias consiguió empleo como limpiador de un burdel en La Merced. Allí, él convenció a una chica a trabajar para él y, dentro de un año, inició una red de prostitución lucrativa. Él ganaba hasta mil dólares al día usando 10 mujeres para atender a 20 clientes.

En México, cerca de 380 mil personas están atrapadas en la esclavitud moderna, incluyendo la prostitución forzada, de acuerdo con la Fundación Walk Free. En todo el país, la mayoría del tiempo el tráfico sexual es un negocio familiar. Las víctimas generalmente conocen a sus traficantes y viven en la misma comunidad que ellos.

Garfias y Enrique atraían a las mujeres para su negocio con falsas promesas de un futuro mejor. Ellos incluso usaban “gestos románticos” para regalarlos con ramo de rosas, osito de peluche o caja de chocolates.

Mientras Garfias cortejaba a sus víctimas, ellas compartían detalles sobre su familia, como el nombre de sus padres y el lugar donde vivían. “La información que las niñas me decían era usada más tarde contra ellas”, cuenta.

En medio del sufrimiento de las niñas, los hermanos no sentían que estaban haciendo algo mal. “Vi a mi madre trabajar como una prostituta”.“Me pareció que era normal”, dijo Enrique. “No las veía como seres humanos, sino como nuestras funcionarias. Yo las veía como mercancías que me daban dinero, que sostenían a mi familia“.

Cambio

El negocio siguió hasta que, en 2003, una niña de 16 años logró escapar y hacer una denuncia. La familia Garfias fue detenida por 25 años, bajo acusaciones de explotación sexual de niños y otros crímenes.

Sin embargo, la historia de la familia cambió después de que un pastor que hacía un trabajo evangelístico en la cárcel presentó el Evangelio a ellos y se volvieron cristianos nacidos de nuevo.

Esperanza, hoy con 56 años, dijo que después de convertirse, ella percibió que estaba equivocada y debería haber enfrentado el comportamiento de sus hijos en lugar de apoyarlos en los crímenes. “Eso me avergüenza”, confiesa.

Desde la salida de la prisión, Mario, hoy con 39 años, dijo que encontró cinco de sus víctimas y pidió perdón.

Con su testimonio, los hermanos esperan ayudar a cambiar las actitudes de los hombres hacia la prostitución, alentando a pensar dos veces antes de pagar por el sexo. “Sin clientes, no hay tráfico. Las niñas no están de pie en las esquinas porque quieren. Los hombres no saben quién está realmente detrás de una niña “, afirma.

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