Cinco siglos de resistencia maya

España,(Revistalogos.com).- Los mayas nunca se fueron. Si su tenacidad ya sorprendió en 1524 al conquistador Pedro de Alvarado —la Corona española tardaría 173 años en controlar el territorio que ahora es Guatemala—, hoy pervive en este país centroamericano una mayoría social de origen indígena (en torno al 60% de los 16 millones de habitantes) que se mantiene indomable: en los últimos cuatro años, ha llevado ante un tribunal por genocidio al exdictador Efraín Ríos Montt y ha tumbado al expresidente Otto Pérez Molina, ahora en la cárcel por acusaciones de corrupción. La “larga noche de los pueblos”, como llaman los mayas a esos casi cinco siglos de resistencia frente a élites opresoras, parece próxima a su amanecer. O, al menos, ese es el espíritu del documental 500 años, de la cineasta neoyorquina Pamela Yates, que tras ser aclamado en varios festivales internacionales se estrena en España (Cineteca de Matadero Madrid, 20.00) precisamente este jueves, Día la fiesta nacional en España.

“El 12 de octubre significa el comienzo del genocidio contra de los pueblos indígenas”, afirma Yates, de 55 años, que prefiere hablar de Día de los Pueblos Indígenas, un término que, recuerda, han adoptado “más de 40 ciudades en Estados Unidos”. Su película, sin embargo, no narra los últimos 500 años que anuncia el título —un eslogan utilizado por los activistas indígenas para resumir su relato alternativo al oficial—, sino los tres más tumultuosos de la historia reciente de Guatemala, entre 2013 y 2015.

“El pueblo guatemalteco escribió el guion, de alguna manera”, reconoce Yates, que en un principio se limitó a rodar el juicio contra Ríos Montt por el genocidio de indígenas de la etnia Ixil, en el que murieron o desaparecieron más de 200.000 personas entre 1981 y 1983, según la Comisión para el Esclarecimiento Histórico nombrada por la ONU. La directora culminaba así su “trilogía de la resistencia guatemalteca”, que comenzó en 1983 con el atroz relato de la represión en Cuando las montañas tiemblan y continuó en 2011 con Granito de arena: cómo atrapar a un dictador. Por un momento logró, además, el final soñado: el 10 de mayo de 2013, la justicia condenó a Ríos Montt a 80 años de prisión. Y gracias, en parte, a una entrevista incluida en el primer documental de Yates que fue aceptada como prueba. Solo 10 días después, sin embargo, el Constitucional anuló la sentencia por defectos de forma y ordenó repetir el juicio.

Entonces, los hechos obligaron a Yates a cambiar el final. La ola de indignación indígena ante la impunidad de los gobernantes contagió a una mayoría social que, en septiembre de 2015, tras meses de manifestaciones, acabó forzando la dimisión y entrada en prisión del presidente Otto Pérez Molina, implicado en un escándalo de corrupción. “Es una alianza entre los indígenas rurales y los no indígenas de la ciudad”, afirma la cineasta, que nunca imaginó ver esta unión en un país marcado por la división racial.

Y es que, como muestra el documental, solo la corrupción ha conseguido despertar a una clase media urbana que ha ignorado durante décadas las reivindicaciones históricas de los indígenas. “No se enseña sobre el genocidio ni en el colegio ni en las universidades, es una historia oculta”, apunta Yates, que presenció el ejemplo más chocante de ello en la Fundación de Antropología Forense del Guatemala, que exhuma cadáveres del genocidio todas las semanas. “Les mostramos Cuando las montañas tiemblan a unos 100 trabajadores. Los jóvenes se quedaron mirando después de la película y diciendo: ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que todo esto estuviera pasando aquí, en nuestras calles, y nadie nos contó nada?”, recuerda el productor de 500 años, Paco de Onís.

Muchos tampoco saben que el expresidente Pérez Molina era, en 1982, un coronel que dirigía un destacamento en el salvaje triángulo Ixil, en la provincia de Quiché, y se hacía llamar Tito Arias. “En el apogeo del genocidio, él era coronel en Nebaj [municipio de Quiché]. Nebaj fue el centro del genocidio, es el caso en el que está involucrado Ríos Montt. Así que, circunstancialmente, se puede decir que está probada su implicación. ¿Hay evidencias forenses, directas, que lo impliquen? No todavía, pero hay gente buscando”, asegura Yates, cuyo filme arroja un dato escalofriante: durante el genocidio, el Ejército arrasó 626 aldeas mayas. ¿Qué se levanta ahora en muchas de ellas? “Hidroeléctricas, megaproyectos internacionales, minas a cielo abierto”, denuncia De Onís.

500 años sigue los pasos de jóvenes activistas mayas como Irma Alicia Velásquez Nimatuj y Andrea Ixchíu, que han tomado el testigo de la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú para que el país supere la norma de “la impunidad y el silencio”. Como dice una de ellas: “Ahora el camino se vislumbra largo, pero ya no en soledad. Llega una Guatemala distinta a en la que nosotros crecimos. Esos 500 años, estamos viendo que empiezan a acabarse”.

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